viernes, 21 de marzo de 2025
Esta historia esta basada en la película BABE el cerdito valiente y el cerdito va a la ciudad.
Todos conocemos a Babe y su fascinación por hacer sentir orgullosos a sus dueños, hizo lo que la mayoría podría pensar que es imposible; pues ver a un cerdito pastorear ovejas como todo un perro pastor alemán es algo inimaginable. Pero pocos conocen las historia de Ryhen un chanchito bastante carismático y divertido pero que a raíz de una extraña condición de nacimiento sufrió de terribles lesiones en todo su cuerpo principalmente de sus rodillas.
Ryhen nació en la misma granja que Babe solo que 15 años atrás, es decir que cuando Babe nació el noble Ryhen ya había partido de este mundo dejando una entrañable enseñanza a todos sus amigos.
Ryhen nació siendo un cerdito bastante tierno y llamativo, pero al momento de intentarse ponerse de pie no podía sus piernas dolían y al no poderlo dar a entender a sus padres solo lloraba y gruñía. Sus padres preocupados fueron hacia el sabio de la granja un pastor alemán llamado Yuls, encargado de cuidar a todos los animales. Yuls al ver Ryhen lo examino e indico a la familia de chanchitos.
-" Ryhen es un caso especial pues sus huesitos son bastante frágiles y no podrá soportar su peso; para que este sobreviva tienen que hacer que Ryhen se ponga de pie y camine mínimo 2hrs todas las mañanas y debe tener una dieta muy estricta de frutas, los desechos de comida están prohibidos para él".
Y así fue, la mamá de Ryhen todos los días lo obligaba a caminar aunque su corazón se partía cada vez que escuchaba a su pequeño llorar y gruñir.
Así pasaron 5 largos años donde Ryhen se volvió un adolescente, el padre de Ryhen los había abandonado pues no soporto la idea de que Ryhen fuera tan frágil y sumiso, por lo que el día en que vio la oportunidad abandono la granja, la madre de Ryhen a raíz de esto perdió la cordura y a los pocos días falleció. Ryhen se cayó en depresión y no sentía ganas de vivir, hasta que un día en la granja llego una pequeña gallina llamada Marylen, este animalito era distinto a las demás gallinas por que era bastante pequeña en relación, pero tenia la energía de una anguila y la astucia de un zorro, debido a que tuvo que aprender a depender solo de si misma, para que nadie la dañara.
Marylen en su rutina diaria de ejercicios observó con inquietud a Ryhen, pues se veía reflejada en aquel cerdito cuando todo estaba perdido y gris, lo que la estremecía pues sabía que si el continuaba así era muy probable que su poca cordura abandonara este mundo. Marylen con un gran aleteo de alas y un trozo de fruta en su pico se acerco al chanchito, lo que este al verla la confundió con una paloma y le pidió amablemente que no hiciera eso por que lo asustaba, que por favor volara de allí. Marylen con un cacareo le dijo que no fuera un cerdo asustadizo y que la ayudara con una aventura y así empezó a contar.

-"Querido chanchito, comenzó Marylen, alzando su pico con decisión.
-" ¿Sabes? Yo también crecí rodeada de dificultades. No soy como las otras gallinas. Fui pequeña desde el principio, y todo el mundo creía que yo no iba a sobrevivir. pero aquí estoy más viva que nunca".
Ryhen levantó su mirada, confundido por el tono de confianza en la voz de la gallina. No entendía cómo un ser tan pequeño podía hablar con tanta seguridad.
-"¿Cómo lo lograste? "preguntó con un susurro.
Marylen aleteó, cruzando una mirada cómplice con el cielo despejado de la mañana.
-"Lo logré porque aprendí a no rendirme. Aunque el mundo entero pensaba que no era lo suficientemente fuerte, que no iba a poder con la vida, decidí creer que sí podía. Cada día, solo por mí misma, tomé decisiones que me hicieron más fuerte. Tal vez no tengas las piernas más fuertes, Ryhen, pero tienes algo mucho más importante: tu corazón y tu voluntad".
el chanhito escucho atentamente y una llama en el comenzó a florecer y cada día ayudaban al que necesitaba, teniendo varias aventuras. A medida que los días pasaban en la granja, la llama de la esperanza que se encendió en el corazón de Ryhen no hizo más que crecer. Su fragilidad ya no le parecía un obstáculo, sino una oportunidad para hacer las cosas de una manera diferente. No podía correr, no podía saltar, pero podía hacer algo aún más importante: ayudar a los demás.
Cada mañana, después de sus ejercicios y de haber fortalecido sus piernas con el tiempo, Ryhen se unía a Marylen para explorar la granja en busca de aquellos que necesitaran su ayuda. Ya no se sentía solo ni derrotado; sabía que su propósito estaba allí, entre los animales que convivían con él.
Con el paso del tiempo, Ryhen se convirtió en un pilar dentro de la granja. Todos los animales, grandes y pequeños, acudían a él cuando tenían un problema o una necesidad. Ya no era solo el cerdito frágil que caminaba con dificultad; ahora era el corazón de la granja, aquel en quien todos confiaban.
Una tarde, después de haber ayudado a un pato a encontrar su madre y reparado un pequeño agujero en la cerca del gallinero, Ryhen se sentó bajo un árbol, mirando el atardecer. Marylen, como siempre, estaba a su lado, aleteando suavemente en el aire.
-"¿Sabes, Marylen? — dijo Ryhen, con una sonrisa satisfecha. — Nunca imaginé que podría hacer tantas cosas. Cuando nací, creí que nunca podría ser de ayuda. Pero aquí estoy, ayudando a todos los que lo necesitan."
Marylen se posó en su hombro y le dio un suave picotazo en la mejilla.
-"Lo que pasa, Ryhen, es que tienes algo que no todos tienen. Tienes el corazón lleno de valentía. Y eso es lo que te hace especial. Lo que más importa no es lo que puedas hacer con tu cuerpo, sino lo que eres capaz de hacer con tu alma."
Ryhen miró al horizonte, donde el sol comenzaba a ponerse, y sintió una paz inimaginable. Aunque su cuerpo seguía siendo frágil, su corazón se había vuelto más fuerte que nunca. Había encontrado su lugar, y eso era todo lo que necesitaba.
Y así, Ryhen, el chanchito de corazón noble, continuó viviendo en la granja, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara, demostrando que, a veces, lo que realmente hace grande a alguien no son sus fuerzas, sino su coraje para seguir adelante, sin importar las dificultades.

